CASA DE RECUERDOS I


...Ni deshojar margaritas, ni preguntarle al espejo, ni siquiera escudriñar los posos de café en
busca de respuestas para las que jamás se formuló pregunta... En realidad las únicas
margaritas que vio florecer, nacieron ya pelonas, sin pétalos de los cuales tirar, como si
adivinaran el dolor que eso podría infligirles y por lo tanto lo evitaran. Lo mismo ocurría con el
café, que jamás le gustó, y del que solo admiraba el aroma cuando alguna vecina lo preparaba
por la mañana...Y los espejos seguramente, aunque no eran visibles, tenían cicatrices en el
alma de azogue, que auguraban mucho más que siete años de desventuras.

Al fin y al cabo, lo sabía desde siempre, ella nació en un día sin sol...

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