Al abrir la puerta acristalada el olor le
dio una bofetada a los sentidos. No recordaba cuánto hacía que no ventilaba su
despacho... ¿Despacho? Tal vez debería llamarlo madriguera, o escondite...
Aquello hacía tiempo que había dejado de parecer un lugar habitable, para
convertirse en un zoco... Ni siquiera el estudio, que siempre había sido su
espacio más cuidado, tenía ahora un aspecto presentable... Pero no veía el
momento de ponerse a ello... Las cosas no iban bien desde... no sabía desde cuándo...
¿La crisis? Tal vez fuera esa la respuesta, aunque estaba íntimamente
convencido de que la cosa venía de mucho atrás...
Los books se amontonaban en desorden por
todas partes y solo muy de tarde en tarde, cuando algún despistado requería de
algún reportaje de interior, se dignaba esconderlos fuera del alcance de la vista...
Pero cada vez era más raro que alguien pidiese ese tipo de trabajo: los únicos
encargos -y tampoco abundaban-, eran
algunos bodorrios de polígono y las comuniones de cuatro crías en vías de
convertirse en princesas de barrio.
Probablemente no ayudaban ni su aspecto,
ni su estado de ánimo. La chaqueta que le acompañaba día tras día había tenido
vidas mejores y las ojeras evidenciaban una vida tan poco ordenada como el
taller.
Se adentró en aquella jungla buscando su
trípode grande. Había llegado al punto más bajo: perder el material era
inadmisible incluso para él. Cuando lo encontró, sepultado por varios catálogos
de óptica de un par de temporadas atrás, se dio cuenta de que no solo había
descuidado el orden, sino que ya ni siquiera cuidaba sus herramientas de
trabajo adecuadamente.
Respiró profundamente: debía tomar una
decisión. Retomar las riendas de su vida, de su negocio, de su carrera. Observó
detenidamente los montones que tenía delante: álbumes, libros, cajas, carpetas
y archivadores. No podía ser tan difícil.
Descolgó el teléfono sin recordar que no
tenía linea desde hacía dos meses. Echó mano de su móvil. Estaba decidido;
marcó el teléfono de Christophe.
Nada mejor para convencerse de que debía reconducir su vida, que unas copas con alguien
todavía más hundido en la miseria que él. En cuanto regresase se pondría con
las primeras cajas... Quizás a la mañana siguiente si la cosa se alargaba...
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