II - CÉDRIC



Al abrir la puerta acristalada el olor le dio una bofetada a los sentidos. No recordaba cuánto hacía que no ventilaba su despacho... ¿Despacho? Tal vez debería llamarlo madriguera, o escondite... Aquello hacía tiempo que había dejado de parecer un lugar habitable, para convertirse en un zoco... Ni siquiera el estudio, que siempre había sido su espacio más cuidado, tenía ahora un aspecto presentable... Pero no veía el momento de ponerse a ello... Las cosas no iban bien desde... no sabía desde cuándo... ¿La crisis? Tal vez fuera esa la respuesta, aunque estaba íntimamente convencido de que la cosa venía de mucho atrás...
Los books se amontonaban en desorden por todas partes y solo muy de tarde en tarde, cuando algún despistado requería de algún reportaje de interior, se dignaba esconderlos fuera del alcance de la vista... Pero cada vez era más raro que alguien pidiese ese tipo de trabajo: los únicos encargos  -y tampoco abundaban-, eran algunos bodorrios de polígono y las comuniones de cuatro crías en vías de convertirse en princesas de barrio. 
Probablemente no ayudaban ni su aspecto, ni su estado de ánimo. La chaqueta que le acompañaba día tras día había tenido vidas mejores y las ojeras evidenciaban una vida tan poco ordenada como el taller.
Se adentró en aquella jungla buscando su trípode grande. Había llegado al punto más bajo: perder el material era inadmisible incluso para él. Cuando lo encontró, sepultado por varios catálogos de óptica de un par de temporadas atrás, se dio cuenta de que no solo había descuidado el orden, sino que ya ni siquiera cuidaba sus herramientas de trabajo adecuadamente. 
Respiró profundamente: debía tomar una decisión. Retomar las riendas de su vida, de su negocio, de su carrera. Observó detenidamente los montones que tenía delante: álbumes, libros, cajas, carpetas y archivadores. No podía ser tan difícil.
Descolgó el teléfono sin recordar que no tenía linea desde hacía dos meses. Echó mano de su móvil. Estaba decidido; marcó el teléfono de Christophe.

Nada mejor para convencerse de que debía  reconducir su vida, que unas copas con alguien todavía más hundido en la miseria que él. En cuanto regresase se pondría con las primeras cajas... Quizás a la mañana siguiente si la cosa se alargaba...

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